sábado, 13 de febrero de 2010

Ángel cayendo

A manera de disculpa...

Un ángel cae,
el barro se desagrega en tierra, en polvo;
la forma huye en prestezas sin nombre.
Las alas rotas miran al cielo y, de paso,
a las manos incapaces de creación.

Caída irremediable,
                              ruptura,
                                          tristeza.
Nada se ha perdido salvo la alquimia
que mantenía unidas las partículas
                                                   en un orden único.

Dos corazones gritan:
uno de rabia,
                    otro de pena.
Y siguen latiendo juntos
en el gran silencio engendrado.

Una lágrima, dos, tres...
curiosos testigos del drama.
Un ángel ha caído
y ya nada será igual.


Los fragmentos se unirán,
la forma será recobrada,
el instante habrá muerto.
Pero la vida que habitaba la roja matriz
                                                            seguirá cayendo.

Caída, por principio, sin fin;
desde hoy hasta el cuándo.
Iniciada en la ruptura,
                                 no la de la forma,
                                                            sí la de la causa...

Sueño roto,
                    ángel roto,
                                      ruido roto.

Mañana habrá que prescindir
de las alas que llegaron sin batirse
para reconquistar al Padre.

Sexto Misterio

Casi una respuesta


Si tus ojos me hablaran de soledades simultáneas
Si pudiera recorrer tu piel hasta desterrar sus secretos
Si el mañana fuera sólo una metáfora del tiempo a compartir
Si tus manos construyeran mis suspiros
Si tu sonrisa me obsequiara con tu vida
Si con un beso aboliéramos el tiempo
Si tu silencio me gritara que me quieres


Cuando esté a tu lado
sabré reconocer a la que me dicta sueños, aún despierto;
a la que me promete el Dulce de sus labios;
a la que me aguarda desde antes de la espera;
a la que me ama, aunque esté a su lado...

Octavo Misterio

Casi una ausencia

Cuál es el nombre de esta fiebre,
       cuál el secreto de su cura
Cómo sabré si mi destino ha comenzado
Dónde he de guardar los restos de otra vida:
      trozos de aquél que un día fui
                 sin el amparo de tu voz en mi tiniebla
                 sin la fuerza de tu nombre en mis plegarias
                 sin la ausencia del dolor que me acosaba
                 sin el dictado de tus ojos en la aurora
                 sin las notas que hoy resuenan en mis letras
                 sin los astros que constelan nuestros pasos
                 sin la muerte irrenunciable de tus besos
                 sin crescendo en un preludio interminable
                 sin saberte, anhelante, en un susurro
                 sin saberme ya incluido en tu futuro...

Noveno Misterio

Saber, a ciencia cierta, que te aguardo
para morir sin remedio en tu presencia

Deponer mi nombre en tus altares,
cual sacrificio de vidas perdidas

Acaso una muerte a plazos sea el destino,
irrevocable conclusión para una espera...


buscando el sabor del porvenir
    (dulce a fuer de eterno)
encontrando lo que daba por perdido
cautivo del recuerdo de unos ojos
angustiado en la certeza de mis dudas
lejano del hogar que me aguardaba
asido ya al color de la esperanza
perdido en lo que nunca tuve
a un verso de saberte ajena
a un beso de llamarte mía...

Último Misterio

¿Alcanzará un destino a completarnos
                  en la penúltima hora del hastío?

¿Podremos recordar todos los nombres
                 mientras el canto escapa del olvido?

¿Crearemos paradojas insolubles
                 a la luz acimutal de lo vivido?

¿Vendrán de nuevo las promesas
                 profetizando el reencuentro del delirio?

¿Habitaremos por fin el mar ignoto
                 preñado de los sueños compartidos?

¿Sabremos plantear los acertijos
                que nos traigan de vuelta el sinsentido?

¿Retornará algún día el primer árbol
               del que probé este Dulce fruto, hoy prohibido...?

miércoles, 10 de febrero de 2010

Ausencia II

Algunas veces me disfrazo de multitud
para que tu imagen me contagie de melancolía,
y así pasarme el resto de la jornada
soñando contigo, extrañándote...

Porque la opción es insoportable:
vivir solo de ti, vacío de ti;
con esta soledad que me inunda
y me duele por ser tu ausencia.

No me duele estar solo,
me lastima estar sin ti.

¿Qué me queda sino interrogar al horizonte
y escudriñar cada rincón del tiempo
en busca de alguna señal?

¿Qué me queda sino pensar en ti...
vivir de la ansiedad
que me provoca la espera
y de la pequeña paz
que me obsequia la esperanza?

Ausencia V

Si desdoblo mi rostro
encuentro los restos de mi vida,
naufragio de sueños mal paridos,
nostalgia de lo que nunca quise,
elegía por un destino sin mi nombre.


Solitaria muerte blanca,
                                  pálida nube breve,
los sentidos como sentido
                                    de la ausencia y el perdón.


Tantas bocas y ni un solo beso,
                                        sórdida impotencia de la voz.

Tantas pieles sin caricias,
                               profética neurosis de la carne.

Tantas lágrimas contenidas,
                                  maldita cobardía del refugio en el silencio.

Tantos labios sin rezar,
                          destino inacabado en un conjuro.

Tantas urgencias ajenas,
                         telúrica incógnita de un quizá.

Tantas locuras sin amor,
                           temprano desengaño anticlimático.

Tantos versos sin nacer...
                           sólo posibilidades,
                                            fragmentos de un infinito universo.


Mientras tanto...
                           ella también se ha ido.