Algo me desasosiega en esta tarde gris.
Pudieran ser las estrellas en conjunciones molestas,
o las horas de tedio gastadas durante el día,
o la luna que me habita, llorando, como acostumbra,
o el miedo de perderte en una tolvanera sin nombre,
o las llamas que engendran mil desiertos febriles,
o el rumor de tu risa en las comisuras del tiempo,
o la música que espero desde el primer instante,
o el desconsuelo olvidado en el cajón,
o el deseo inconfesado de violar tus preceptos,
o el temblor que dejaste instalado en mi epidermis,
o la noche que olvidaste empacar cuando partiste...
Sin embargo, y sin duda,
sé que sólo se trata
de tu ausencia en mis horas.
miércoles, 10 de febrero de 2010
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