Es más fácil morir por lo que se cree,
que creer en ello un poco menos.
JEAN ROSTAND
Siéndome
No parezco yo, pensó,
y probablemente
nunca lo había sido tanto.
SARAMAGO
Soy el vendedor de sueños; soy el esteta del cacao; soy el último y el primero; soy el que conoce y se conoce; soy el que nunca tiene dueño; soy el mejor de mis posibles; soy el eterno incomprendido; soy la ciencia que nadie quiere; soy el poeta del mañana; soy el de la casa de la magnolia y los naranjos; soy la paz y la angustia en los corazones ajenos; soy la duda absoluta; soy la respuesta sin pregunta; soy el paradigma obsoleto; soy el aprendiz de todo; soy el pastor de niños; soy el índice inconsultado; soy la espada que nadie empuña; soy el artista sin dinero ni mecenas; soy la genial partitura inédita; soy el cello prisionero del roble, obra inconclusa del laudero. Soy el que soy, el que ha sido y el que será; soy y sigo siendo. Soy y sigo siéndome escribiendo.
Vivir o pensar
Estoy más seguro de tener razón
por la forma en que vivo,
que por la forma en que pienso.
ROSTAND
Coincido con Cioran en aceptar la vida por cortesía y criterios estéticos, pues la perpetua rebelión es de tan mal gusto como lo sublime del suicidio. Dice Rostand que los que no han sufrido de verdad ignoran el bienestar de lo tolerable. Pero lo tolerable puede doler tanto a la vista de lo que se desea, que al punto pasa a convertirse en conciencia aplastante de no ser más que lo que se es y la tristeza de ser lo que se es.
La dificultad me desanima y la facilidad me desagrada al punto de la náusea. No más imitar el Orden en un anaquel; no más tardes perdidas en el laberinto de un solo corredor; no más lágrimas sobre el celeste lienzo; no más ruegos a la ajena multitud; no más ausencias sin sentido, no más presencias inútiles; no más calma angustiante; no más sueños ahogados en celofán; no más limosnas cíclicas; no más crónicas de corrupción y bajeza; no más vivir de pie; no más andar sin avanzar; no más noches suprimiendo los bordes de la trama; no más saltos contra el muro; no más música de otros; no más peregrinar por las frías catedrales del consumo; no más mendigar por un rato conmigo; no más...
Ardiente será la fragua, terrible el yunque e implacable el martillo que den forma y filo a este acero... Quiero morir y engrandecerme en la medida de lo insoportable que asumo. Cuando estar vivo parece siempre el precio de algo, me doy cuenta que un hombre es siempre presa de sus verdades. Tengo miedo de que los días no sólo sean iguales, sino que empiecen a repetirse; de que tengan razón quienes afirman que todas nuestras humillaciones provienen de que no podemos resolvernos a morir de hambre. Pero yo no me resuelvo ni a humillarme ni a morir de hambre ¿qué destino me aguarda? ¿qué atroz colección de humillaciones aguardan por mí? ¿qué lento y terrible agonizar signará mi hambre? Aún no me rindo, no he soltado las armas, aunque el escudo se haya roto junto con mi brazo y el yelmo muestre la misma herida que mi cráneo. Aún no me rindo y no pienso hacerlo.
Veredas y veletas
Donde no falta voluntad
siempre hay un camino.
TOLKIEN
En verdad que los caminos y la voluntad para buscarlos no han faltado, pero no me ha sido dado recorrerlos. ¿Será que los demonios me cierran el paso, o será acaso que Dios no me ha dejado caer... andar por veredas ajenas a mis pies? Mis pies, calzados con una buena copia de las sandalias de Mercurio, que yo mismo he ido confeccionando con el fin de llegar más lejos que el tropel de seres sublunares. Quizá sea el tiempo de imitar a Ícaro y proyectar un buen par de alas, más seguras que las suyas, pero que tengan la virtud, como aquellas, de sacarme del laberinto, de mostrarme el camino que me corresponde.
Me fui, y sigo yéndome. Para llegar al fin sin llegar nunca. Para irme sin moverme. Para llegar sin haber partido. Y sin embargo me fui y dejé atrás cosas queridas; sólo para recorrer el camino, que es circular y es el mismo de siempre. Porque andando, siempre se acaba por llegar; porque el camino importa poco y la voluntad de llegar basta para todo.
Y si por momentos recorro el camino de Sísifo, y pretendo, como él, vencerlo con desprecio, es porque el absurdo se muda a mi lado. Cuando estoy seguro de que nada importa si todo lo soñado no existe; cuando me afecta ese mal de no encontrar en todas partes más que el deseo de estar en otro sitio. Cuando descreo de que el esfuerzo para llegar a las cimas basta para llenar mi corazón. No quiero que buscar se convierta en mi signo y mi sino; no quiero creer en la razón de los matadores de brújulas, errantes eternos.
Materia y posibilidad
Insomne, casi feliz, pensé que
nada hay menos material que el dinero,
ya que cualquier moneda es, en rigor,
un repertorio de futuros posibles.
BORGES
Todos posibles pero, además, todos futuros. Me he llenado las manos y el alma con la helada aspereza de la materia; he sentido la presencia aplastante de la inexistencia, la versión de bolsillo del horror al vacío. A cambio, me he colmado los ojos de futuro, un futuro que se mueve lentamente y no acaba por llegar.
De muy poco me han servido diez años de universidad. Poco ha valido la confianza cifrada en un saber que pocos tienen y menos desean. Lastre, más que alas, semejan mi inteligencia y mi pasado. Tal parece que mi vida se reduce a cinco páginas que a nadie interesan; las mismas cinco páginas que he reproducido y repartido sin misericordia, poniendo en ellas, cada vez, la esperanza de que la incertidumbre se convierta en una cifra mensual. En una cifra que convierta nuestras posibilidades en realidades cotidianas
Mientras tanto, seguiré repartiendo vidas de papel, preguntando en dónde cabe mi ciencia, buscando un sitio para mis horas, llamando a quien quiera escucharme. Ofreciendo mi vida a cambio de una monedas que son, desde ya, un repertorio de futuros pendientes.
Cita con el relámpago
El pensamiento no es más que un
relámpago en medio de una noche larga.
Pero este relámpago lo es todo.
HENRI POINCARÉ
Vivimos una noche en verdad larga, y andamos a la busca de relámpagos que nos muestren un poco del mundo, que nos permitan interpretar las sombras que nos rodean. A partir de hoy tenemos una cita con las grandes mentes que han traído luz, en un intento constante por hacerlas nuestras. Hoy se abre un espacio para hablar, de una forma accesible y clara, sobre temas que han pretendido sobrepasarnos; sobre lo cotidiano que pasa desapercibido; sobre lo misterioso que pocas veces se nombra; sobre lo efímero y lo eterno; sobre la magia de lo humano; sobre el mundo que es y el que será; sobre el arte y las artes; sobre los susurros de la materia y los gritos del vacío; sobre los hombres y sus creaciones; sobre las llaves que buscamos y las puertas que nos niegan lo que esconden.
Para convocar al relámpago haremos uso de la ciencia y el arte, de la memoria de papel, de las historias, del mito y la razón; pero sobre todo del lenguaje escrito. Leeremos para escribir y escribiremos para que nos lean. Buscaremos la vida en este mágico ir y venir de ideas y palabras, para inspirar y ser inspirado. Haremos que el relámpago encarne en las letras y que genere así palabras luminosas, páginas que nos cuenten los sueños de las piedras, el miedo de Dante, el paraíso de Milton, la locura de Nietzsche, la aritmética de Fibonaci, la hoguera de Bruno, la ceguera atroz del bibliotecario, el encanto de los Medianos, las sagas hiperbóreas, la lengua perfecta de Eco, las vigilias de los alquimistas, la custodia de los grifos, el canto de Whitman, la fantasía de Ende, las tribulaciones de los cronopios y las famas, la estepa de Hesse, el crimen de Dostoyevski, la furia de Orlando y Ariosto, los delirios de VanGogh, el horror al vacío, los sueños del capitán Cervantes (que sabía unos latines y algo de árabe), la guerra de los ejércitos de marfil, los logros de Flamel o Fulcanelli, las danzas de Stravinsky, o la campanella de Paganini.
Creemos en la palabra escrita como base y soporte del pensamiento del hombre, como su expresión más fiel. Y desde aquí sumaremos, una a una, las letras que acudan a la cita. Defendiendo siempre la confusión babélica, porque nos enriquece; y creyendo, con Borges, que, como el griego afirma en el Cratilo, el nombre es arquetipo de la cosa; y que cada nombre encierra y contiene, en verdad, la esencia de las cosas, aguardando a ser descubierta. Pues el poder de las palabras es más que la simple enumeración; es la evocación de las esencias contenidas en ellas; es el canto del salmista y el logos de los antiguos.
Por supuesto que existen antorchas, y aun hogueras, con luces acogedoras y duraderas; pero nosotros habremos de ser la luz, fugaz y cegadora, que irrumpa en la obscuridad para luego reaparecer en otro sitio, hiriendo las tinieblas; llevando el asombro y el espanto a las mentes de los hombres, así como el espectáculo ígneo y el riesgo de ser alcanzados, y hasta la gloria de sobrevivir a un encuentro. Seremos la luz del pensamiento que habla con voz de trueno…
...y creer otra vez
Busca una luz, una más
algo que ayude a creer
lanza tu trenza Rapunzel
déjame entrar otra vez.
ALEJANDRO FILIO
Déjame entrar otra vez, hazme creer otra vez. Devuélveme la fe en las causas perdidas. Hazme dejar de pensar, para ser sólo un beso al besarte, sólo una caricia al tocarte, sólo un guiño al mirarte. Sólo tú puedes hacerlo, sólo tú, premonición que se cumple, colección de hermosos rostros, habitante de mis sueños y mi vida, felicidad hecha carne y sonrisas.
Te necesito más que nunca. Te espero cada día, te rezo cada noche, te sueño cada siesta, te grito cuando no estás, te beso si te dejas, te abrazo en mis naufragios, te ruego si me lo pides, te olvido en mis pesadillas, te lloro en cada equina, te veo en cada gato, te extraño cuando te extraño, te amo siempre. Te pido que me ayudes a creer de nuevo...
El Alquimista
Julio ‘02
Julio ‘02

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